Por Diego Daniel Aguilar López
La correlación mediática de fuerza.
El terreno de juego político es, ante todo, ideológico y cultural. Es un terreno de disputa por la hegemonía, por el sentido común y que por lo tanto fenómenos la socialización ideológica, la educación, los medios de comunicación y la cultura popular no se pueden descuidar.
La derecha hondureña entiende perfectamente que el comportamiento político tiene que ver con las emociones y no tiene que ver con la posición que uno ocupa en el proceso productivo. El futbol o “el culto” religioso explican más del comportamiento político y electoral de los sectores subalternos que su posición en el proceso productivo. Esto la derecha lo sabe perfectamente.
Y por ello, la derecha siempre ha sido muy preocupada por dominar los espacios de socialización ideológica y cultural. Para un ejemplo, la iglesia católica, una de las organizaciones del pensamiento conservador, comprendieron hace muchos siglos que tienen que controlar la educación y controlar los espacios de socialización ideológica, por mucho que en Honduras quieran exponerse como actores “morales” “apolíticos” y “neutrales”.
La derecha entendió que tienen que ser propietarios de periódicos, de estaciones de radio, de canales de televisión. Entendieron que debían tener editoriales. Entendieron que la disputa por dominar los espacios de socialización ideológica y cultural son fundamentales.
En ese sentido, Jorge Canahuati entiende que Grupo OPSA debe dominar, Flores Facussé entiende que La Tribuna y su editorial debe dominar, los Villeda-Ferrari entienden que Corporación Televicentro y Emisoras Unidas debe dominar y los Rosenthal entienden, que deben dominar la opinión, las ideas y la cultura.
Las figuras de la extrema derecha o centroderecha como Salvador Nasralla, Gabriela Castellanos, Nasry Asfura, Julieta Castellanos, “Chano” Rivera y Eduardo Facussé (por mencionar algunos), no son el resultado necesario de condiciones sociales determinadas, sino, el resultado de una correlación mediática concreta.
Para un ejemplo, hay extremas derechas en los estados del bienestar del norte de Europa, hay extrema derecha en Estados Unidos, hay extrema derecha en Italia, España, Polonia, en El Salvador, en Argentina, en Ecuador. Y si hay un común denominador de las extremas derechas, es que todas tienen un enorme poder mediático y todas han construido a sus liderazgos a partir de una serie de posiciones privilegiadas en los medios de comunicación.
Es imposible entender el ascenso del perfil de Donald Trump, sin que la cadena de comunicación FOX normalizará la mentira como una manera de hacer comunicación política, o con personajes como Charlie Kirk, haciendo foros abiertos, donde “su verdad” es la verdad. No habría un Javier Milei sin el medio La Nación, Vicky Davila sin la Revista Semana, Ricardo Salinas Pliego sin TV Azteca, entre otros casos.
La derecha entiende que deben ser dominantes y hegemónicos, y la izquierda no. La izquierda cree que los medios de comunicación pueden ser neutrales e independientes, que puede haber un periodismo ideal y objetivo que funcionase de forma ajena a las grandes fuerzas ideológicas y políticas.
Es así que, la democracia para la izquierda, no debe ser una ideología, entendemos que los regímenes democráticos son el resultado de una ideología compartida. Todas las tradiciones políticas, conservadoras o progresistas son demócratas, ideológicamente demócratas, pero esto es falso, la democracia no es un conjunto de regímenes políticos que respondan a una ideología concreta, la democracia son regímenes políticos que responden a una correlación de fuerzas concretas.
Las mujeres votan en nuestro siglo no porque un grupo de liberales dijo ¡“Oh!, Viva el sufragio universal”, las mujeres pueden votar porque lo disputaron, pelearon la hegemonía a través de la lucha social. Lo mismo con la jornada laboral de 8 horas, no es el resultado de que los dueños de los medios productivos liberales dijeran que esta bien prohibir el trabajo infantil, reducir la jornada laboral, que las y los obreros tengan seguridad social y derechos laborales, lo anterior es el resultado del conflicto y de la acción del movimiento obrero.
La democracia expresa una correlación de fuerzas, la más favorable para los sectores subalternos, pues permite presentarte a procesos electorales, tener un partido político, inclusive ser propietario de un medio de comunicación.
Aunque sin ser ingenuos, la derecha, solo acepta la democracia, si los resultados de la democracia no alteran la correlación de fuerza real. Usted que me lee, puede ser comunista, tener un partido político y presentarse a elecciones, pero si gana las elecciones y se llega a gobierno, para la derecha, evidentemente ese gobierno es ilegitimo y fraudulento, o peor aún, usted esta involucrado con el “cartel de los soles” y por ende debe ser inhabilitado por la fuerza militar, o por la asfixia económica.
La derecha entiende perfectamente que la lucha por el poder político no es la lucha por ganar las elecciones. Ganar las elecciones es una parte, pero la derecha entiende que la lucha por el poder político es la lucha por el control y la hegemonía del Estado.
La derecha hondureña en el Partido Nacional y Partido Liberal sabe que debe tener a sus policías, sus militares, sus fiscales, sus jueces, funcionarios de alto nivel, por que hacer política implica ocupar espacios de poder. Por eso, hacen falta militares de izquierda, policías de izquierda, jueces y fiscales de izquierda, y empresarios productivos de izquierda y hacen falta medios de comunicación de izquierdas para la disputa de los espacios de socialización ideológica y cultural.
Por ello, la izquierda no debe ser más liberal que los liberales cuando llega al gobierno, se debe aprovechar el paso por el gobierno para que cuadros de izquierda estén en espacios de poder, empezando por los medios de comunicación.
La brújula comunicacional.
Cuando el adversario de derecha domina el lenguaje, aleja el lenguaje de la política.
Un medio de comunicación no es muy diferente a una estructura jerárquica o una organización guerrillera. Requiere de jefes/jefas, requiere disciplina, requiere herramientas para el análisis del contexto, y frente a todo esto, el adversario, el enemigo, no tiene escrúpulos, actúa sin escrúpulos.
¿Cómo combatir las portadas de El Heraldo, La Prensa, La Tribuna, Cromos? ¿Cómo combatir los temas de debate en Frente a Frente, La Entrevista? ¿Cómo combatir el editorial de Abriendo Brecha, TEN e ICN? – ¿Cómo le explicamos a las y los hondureños quién es Jorge Canahuati, Carlos Flores Facussé, Eduardo Maldonado o Rodrigo Wong Arévalo? – ¿Cómo elevamos la discusión sobre quienes son los propietarios de los medios de comunicación?
En este sentido, los medios (estos medios) son capaces de ponernos a discutir sobre sus temas. Es casi determinista pensar que Libre tiene que discutir sobre Venezuela, Cuba y Nicaragua, y ya el hecho de ponernos a discutir sobre estos temas, es por si solo, una derrota ideológica.
¿Por qué no se discute sobre Noboa en Ecuador, sobre Milei en Argentina, sobre José Jeri en Perú? ¿Por qué a las y los hondureños solo se les habla de Venezuela? – Si hay que hablar de fraude electoral ¿Por qué no se discute sobre las elecciones de 2001 en EEUU y el triunfo cuestionado de George W. Bush, donde no se enseñaron las actas? – o – las recientes elecciones de Ecuador donde resulto ganador (de forma cuestionable) Daniel Noboa. Ese dominio de los temas revela la capacidad de la derecha para tenernos en el lugar donde ellos quieren.
¿Qué es lo que sucedió luego de los audios presentados por Marlon Ochoa ante el Ministerio Público donde se expone una planificación minuciosa de conspiración para atentar contra el proceso electoral entre Cossete López, Tomas Zambrano y miembros de las FFAA? – Lo que sucedió, fue un despliegue de fuerza mediática de la derecha para controlar una narrativa que desvirtúa el contenido de los audios y se ha concentrado en “si los audios son de Inteligencia artificial” o “¿Cuál es la orden judicial que tiene Marlon Ochoa para tener acceso a esos audios?”
Además, se pretende a través de la reacción articulada, que las consecuencias políticas de la filtración es que Libre, Manuel Zelaya, Rixi Moncada y Marlon Ochoa quieren hacer fraude, y además, consolidar el comunismo en Honduras.
La pregunta es ¿Cómo hacer corto circuito a la mediática de derecha que son capaces de utilizar la ridiculización como recurso para desviar la atención como el caso de Cossete López en el programa “Las Noches del Cinco”?
Esta reacción ante esta situación implica, que se debe asumir que la política no es el juego de los consensos y el juego de los acuerdos. ¿Por qué la iglesia, la oligarquía terrateniente y la burguesía industrial tiene medios de prensa, radios y televisión y los movimientos sociales, partidos políticos (libre) y centrales obreras no? – Esto revela que la derecha no se cree la democracia sin la disputa de la lucha ideológica y cultural.
Por ello, los sistemas democráticos, son sistemas de combate político, ideológico y cultural. Se debe asumir que cuando se ganan elecciones, no nos van a dejar gobernar a través de los espacios de poder que controla la derecha y que por lo tanto la lucha política no es solamente llegar al gobierno, es ocupar espacios de poder como el poder judicial, el poder militar, el poder legislativo y el poder de los medios de comunicación, que es central en sociedades tan mediatizadas como la nuestra.
La derecha puede decir “quieren controlar la libertad de expresión” “quieren controlar que se dice y como se dice”, pero; ¿Qué es lo que hace Elon Musk cuando tiene dinero suficiente (mucho más que muchos Estados)? – Se compra Twitter, y por ende, se compra un medio de comunicación, si los medios de comunicación no fuesen rentables, ¿Por qué les interesa tanto a los ricos como Canahuati, Flores Facussé y Villeda-Ferrari controlar los medios y la opinión?
Es una ingenuidad pensar que la política comunicativa, no disputa el poder, simplemente, porque los medios de comunicación son los dispositivos que le permite a la derecha el mantenimiento del poder, la ideología y la cultura.
He ahí una de las principales tareas, ser vehículo de disputa contracultural en los principales centros de socialización y medios de comunicación, para ganar la disputa ideológica y cultural.





