Por Joel Rosales

La propuesta enmarcada en el plan de gobierno de la candidata Rixi Moncada para fortalecer los derechos de la niñez y adolescencia, representa un cambio real para Honduras. Parte de reconocer avances importantes del país, pero también de aceptar que aún existen brechas profundas que limitan el desarrollo de miles de niños y jóvenes. Su visión no solo identifica los problemas: plantea soluciones concretas y posibles.

Uno de los pilares más sólidos de su enfoque es la protección integral. Reconoce que la creación de instituciones como el INAMI y la Secretaría de Derechos Humanos no basta si no se acompaña de políticas activas, recursos y capacidades. Su propuesta busca recuperar la esencia de estas entidades para que realmente protejan y garanticen derechos.

La apuesta por la educación es central. Frente a un país donde 40% de los niños y adolescentes trabajan, su plan propone fortalecer la educación inclusiva y ampliar la alimentación escolar para que estudiar sea posible y sostenible. Esto contrasta con discursos irresponsables, como el del candidato Nasralla, quien afirmó que “los jóvenes no necesitan estudiar” y que “a los 15 años deben estar trabajando”.

Estas declaraciones revelan una visión que condenaría a la niñez pobre a la marginalidad permanente. Rixi, en cambio, plantea que la educación debe ser la herramienta que rompa ciclos de pobreza. Su propuesta se orienta a la equidad, entendiendo que ningún país se desarrolla con jóvenes obligados a abandonar la escuela para trabajar.

Conocer las necesidades reales del país mediante diagnósticos serios es fundamental para diseñar políticas que funcionen. Honduras requiere decisiones basadas en evidencia, no en percepciones externas ni en agendas que no responden a la realidad local. Solo a través de estudios rigurosos sobre educación, salud, protección y nutrición infantil es posible orientar recursos hacia donde realmente se necesitan y garantizar que cada acción tenga un impacto concreto.

Cuando las políticas se construyen sobre necesidades impuestas o interpretaciones externas ˆˆfrecuentemente promovidas por países como Estados Unidosˆˆ se pierde el enfoque nacional y se desvían esfuerzos hacia prioridades ajenas. La propuesta de Rixi valora los diagnósticos propios, elaborados desde el territorio y con participación de comunidades, instituciones y especialistas hondureños. Esta visión fortalece la soberanía, mejora la planificación pública y permite construir soluciones adaptadas a nuestra verdadera realidad.

En salud, su plan reconoce un dato alarmante: solo la mitad de la niñez tiene acceso a agua potable segura. Proponer mejoras en infraestructura, agua y saneamiento en escuelas y comunidades es una decisión estratégica para reducir enfermedades, mejorar el rendimiento escolar y garantizar un entorno de vida digno.

La nutrición infantil ocupa un lugar clave. Con un 19% de menores con retraso en crecimiento y 36% con anemia, se requieren acciones urgentes. Su propuesta impulsa programas de nutrición ampliados, mayor cobertura de vacunación y atención materno-infantil reforzada. Esto apunta a un enfoque preventivo, mucho más rentable y humano que esperar a que los problemas se agraven.

Los avances que el país ya logró, como la caída de la mortalidad infantil, demuestran que invertir en niñez sí funciona. Rixi no se queda en el logro estadístico: plantea acelerar el ritmo de mejoras mediante una coordinación efectiva entre salud, educación, protección y gobiernos locales. Esto convierte esfuerzos aislados en políticas de impacto real.

El contraste con propuestas como la de Nasralla es contundente. Promover que los jóvenes trabajen desde los 15 años es renunciar al futuro del país. Es aceptar que la pobreza continúe. Es normalizar la explotación infantil. Una visión así desconoce los derechos humanos y contradice toda evidencia sobre desarrollo económico y social.

En cambio, la propuesta de Rixi entiende a la niñez como una prioridad nacional. Su enfoque reconoce que un país que invierte en sus niños contiene violencia, reduce desigualdad y construye ciudadanos con oportunidades reales. La niñez no es un gasto: es la inversión más importante para el futuro de Honduras.

Su plan se vuelve especialmente relevante porque comprende que la transformación debe ser rápida. Lo exige la magnitud de las carencias: escuelas sin agua, niños sin vacunas, adolescentes embarazadas y jóvenes sin oportunidades. La propuesta no minimiza la crisis, pero la enfrenta con claridad y decisión.

La visión de país que plantea apuesta por que cada niño pueda estudiar, alimentarse bien, crecer sano y vivir protegido. Es una visión que cree en el potencial de la niñez hondureña y en su derecho a vivir una vida plena. Frente al pesimismo y el conformismo, ofrece esperanza basada en acciones concretas.

Rixi Moncada coloca a la niñez y adolescencia en el centro del debate nacional. Esto no solo es justo, sino estratégico para lograr un país más próspero y seguro. El contraste con propuestas regresivas evidencia por qué Honduras necesita políticas basadas en derechos, no en ocurrencias. Su plan marca un camino más humano, más serio y más responsable para el futuro del país.

Mientras la candidata muestra amor y empatía por la población , otro ¨candidato¨ busca crear mano de obra barata como fiel servil del caudillismo norteamericano. ¡Despierta pueblo!

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