Por Galel Briceño

Honduras vive un momento definitorio. Las fuerzas populares han recuperado el sentido del Estado como herramienta del pueblo, mientras los viejos y decrépitos grupos de poder —los mismos que gobernaron por décadas y saquearon al país— buscan revertir esa conquista. El fraude que preparan no es solo electoral, sino simbólico: quieren volver a imponer el miedo como método de dominación, para que vos y yo sigamos siendo víctima de sus abusos.

  • Estos días previos al domingo 30: defendamos el coraje de la verdad

Los grandes medios —El Heraldo, La Prensa y Frente a Frente— han sido piezas clave de esa estrategia. No nos informan: nos quieren crear percepciones. El Heraldo siembra terror económico con titulares sobre “crisis” y “pérdida de confianza”; La Prensa repite el libreto del caos institucional; y Frente a Frente ofrece micrófono a los portavoces de la oligarquía que, disfrazados de analistas, atacan a la Presidenta y al proyecto de refundación. Su objetivo: instalar la idea de un país ingobernable antes de las urnas, pero ¿les creemos? no.

Ya logramos ver cómo justificaron las acciones entreguistas de la patria en Washington, de donde regresaron con la cola entre las piernas, después de ser increpados, porque claro, no estaban en la iglesia de Evelio Reyes. Otro ejemplo reciente, es ver cómo mediatizaron a todas voces la mentira de “Honduras otra vez no será apto para la cuenta del milenio”, cuando otra vez y –gracias al coraje de la verdad—tuvieron que salir de nuevo con la cola entre las piernas aclarando las patrañas que crearon antes.

Y es que, además, si se fijan y amplían su mirada crítica, la maquinaria mediática no actúa sola. A ella se suman políticos del bipartidismo y voceros internacionales que operan desde las sombras. Es el mismo guion que la derecha continental ha ensayado en Bolivia, Venezuela y Brasil: primero el miedo, luego la desconfianza, y al final la acusación de “fraude” para negar el voto popular.

Frente a eso, la primera defensa del voto es la defensa de la verdad, con coraje. Nosotros como pueblo, debemos leer críticamente la información, reconocer los intereses detrás de cada noticia y exponerlos con nuestros pares. Cada plática, cada aclaración y cada acto de calma es parte de la lucha contra la mentira y una victoria para el coraje de la verdad. La verdad no se defiende solo con datos, sino con conciencia de clase; porque somos nosotros a quienes esas mentiras de los medios han tratado de mantenernos con la cabeza agachada y poco pensante.

Por eso, antes de votar, el compromiso es informarse, organizarse y confiar en la fuerza colectiva. El voto no es un trámite: es un acto de soberanía. Cada papeleta depositada por el pueblo trabajador niega la subordinación al capital extranjero y reafirma la independencia nacional.

  • Durante las elecciones: ¿qué haremos el domingo 30?

Durante las elecciones, la vigilancia es deber patriótico. Pues, como ha instruido Rixi Moncada en estos sencillos pasos prácticos como guía de la verdad, cada acta representa un fragmento de soberanía: las copias deben viajar con nuestros líderes hasta Tegucigalpa, custodiadas por el pueblo y las Fuerzas Armadas morazanistas. Ningún acta debe desviarse, ningún vehículo debe ser agredido, ningún TREP manipulado. La victoria popular se contará con las actas originales en la mano, no con sistemas hackeados, ni planes rancios.

El día de la elección no se delega la responsabilidad en instituciones: se ejerce colectivamente. Defender el voto es acompañar el conteo, vigilar las urnas, denunciar irregularidades y mantener la serenidad ante la provocación. El pueblo consciente cuida lo que ha construido.

  • ¿Qué pasará después de las elecciones?

Después de las elecciones, comenzará la otra batalla: la de la legitimidad. Los medios y los voceros del poder intentarán instalar que hubo “fraude”. No es nuevo: cuando el pueblo gana, el privilegio de los ricos grita ¡trampa! Y lo harán para justificar la intervención extranjera, sembrar desconfianza e intentar desgastar el proceso de refundación.

En esa ofensiva ya se inscriben voces como la de María Corina Machado, quien desde Venezuela llamó a los hondureños a “defender la democracia ante un posible fraude”. Su discurso repite el libreto imperial: anticipar el fraude, desacreditar al gobierno y ofrecer tutelas externas disfrazadas de solidaridad. Ninguna figura extranjera tiene autoridad moral para dar lecciones de democracia a Honduras.

Nosotros, el pueblo hondureño, no necesitamos tutores farsantes. Nuestra historia de golpes, invasiones y resistencia nos enseñó que la soberanía no se mendiga, se defiende. Por eso, cuando los grupos de poder locales y sus aliados internacionales duden de los resultados, será el pueblo —con actas, con presencia y con dignidad— quien ratifique su victoria.

Defender la decisión popular implica comunicar desde abajo, entre todos nosotros. Cada comunidad debe difundir los resultados reales y desmontar las mentiras. La verdad electoral no vive en los titulares, sino en las actas custodiadas por el pueblo. La transparencia no se pide, sino que se construye colectivamente.

El voto no se agota en el conteo; su sentido se prolonga en la conciencia. Defender el voto después del voto es sostener la refundación y nuestra propia voluntad, impedir que el poder mediático borre lo que el pueblo ya decidió, y mantener viva la vigilancia sobre el rumbo del Estado para el bienestar de nuestra gente.

Honduras no puede volver al miedo. Quienes siembran caos temen al orden que trae la justicia social. Quienes hablan de fraude temen al veredicto y decisión del pueblo. Quienes llaman a charlatanas tutelas extranjeras temen a nuestra soberanía ejercida.

Defender el voto antes, durante y después es defender la patria. Es afirmar que este pueblo no volverá a ser gobernado por los mismos de siempre ni manipulado por los voceros del poder. Es decir con dignidad: aquí manda el pueblo hondureño.

¡Vamos a demostrar nuestra victoria!

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