Por Galel Briceño Cerrato
A pocos días de las elecciones, quizás te sintás confundido. Hay tanta propaganda, tanto ruido –y el payaso de Godofredo por todos lados—que cuesta ver qué hay detrás de cada rostro. Pero si quitás los colores y los jingles, vas a ver que lo que está en juego no son tres candidatos, sino tres ideas para definir qué país tendremos. Y lo que decidas en las urnas va a marcar tu vida, la de tu familia y la de Honduras entera.
Mira el plan de Tito Asfura. Habla de “orden”, “eficiencia” y “modernización”. Suena bien, ¿va? Pero si lo lees con calma, vas a notar que es lo mismo de siempre: más privatización, más beneficios para los grandes empresarios, menos Estado para vos. Su plan no busca fortalecer tus derechos, sino reforzar los negocios de quienes ya controlan todo, o sea sus amigos de clase, no vos, tampoco yo. Tito no quiere cambiar Honduras, quiere devolverle el poder a los mismos que la hundieron.
Ese modelo ya lo vivimos ¿viste los negociazos con los que se benefició siendo alcalde, haciendo puente tras puente? Cuando los cachos dicen “modernizar”, lo que en realidad hacen es abrirle la puerta al capital extranjero para quedarse con lo que es nuestro –es mentira lo de inversión para el país, ni vos ni yo vemos un solo peso de eso—. Cuando hablan de “eficiencia”, lo que quieren decir es que el Estado no te debe asegurar nada. Y cuando prometen “resultados”, lo que están diciendo es que van a seguir construyendo carreteras y cortando palos en las medianas, pero sin tocar las raíces de la desigualdad. Tito no propone futuro: ofrece pasado con “mejor” marketing –si a gritar “la racha” se le puede llamar buen marketing—.
Ahora mira a Salvador Nasralla. Quizás te haya parecido diferente, simpático, incluso honesto. Pero su plan de gobierno es una copia mal hecha de lo que exigen las élites y las embajadas. Toda gira alrededor de la “confianza internacional” y la “estabilidad macroeconómica”. Su visión no parte del pueblo, parte del visto bueno de los poderosos. Promete “unidad”, pero se rodea de los mismos grupos empresariales que bloquearon el cambio cada vez que pudieron; además es un inestable que ha andado de partido en partido, cambiando de dueño.
Nasralla dice ser independiente, pero sus alianzas lo atan al viejo sistema. Su plan no habla de soberanía energética, ni de recuperar los bienes públicos, ni de justicia social. Es un catálogo de frases vacías sobre “gobernabilidad” y “transparencia”. Pero vos sabes que la transparencia no sirve si lo que se protege son los privilegios. Su proyecto, como el de Asfura, te deja fuera: te quiere como espectador, no como protagonista.
Es justo donde hay que saber hacia dónde ver
Ahí es donde entra Rixi Moncada. Porque Rixi no viene a administrarte el mismo país con otro nombre. Viene a refundarlo. Su plan no se escribió en un escritorio de empresarios, sino escuchando a la gente: a maestras, agricultores, trabajadores, jóvenes, mujeres; a nosotros. Lo que propone no es caridad, es justicia. No promete darte 20 pesos, pan con mostaza, ni bolsa solidaria, sino derechos. Habla de recuperar lo público, de fortalecer la producción nacional, de garantizar educación, salud y energía como bienes comunes.
Rixi no te habla como a un cliente, sino como a un ciudadano. Te dice que el país puede vivir de su propio trabajo, que podemos dejar de mendigar inversión si invertimos en nosotros mismos. Te recuerda que sin soberanía económica no hay independencia política. Su plan busca democratizar la economía: que el dinero circule, que el crédito llegue a los barrios, que el campesino pueda producir, que el Estado sirva para equilibrar, no para entregar. Ya viste que los banqueros nos tienen ahogados en deudas, y que todavía te dicen entre líneas que tenés que estar agradecido por tener acceso a esos créditos abusivos, para después meterte sin salida en la central de riesgo.
Entonces mirá, la diferencia con los otros dos es total. Tito quiere volver al pasado y Nasralla quiere obedecer a los de afuera; Rixi quiere construir con vos. Los otros dos repiten que “todo está mal” para justificar el miedo; ella dice que sí, hay problemas, pero que los podemos enfrentar juntos. Mientras ellos te piden resignación, Rixi te pide conciencia y fortaleza. No te ofrece milagros, te ofrece participación en las decisiones más importantes. No te pide fe ciega, te invita a pensar para construir.
Y si lo pensás bien bien bien, todo encaja. Los que más la atacan son los que más han ganado robando. Los medios que la caricaturizan son los mismos que callaron durante las dictaduras y también mientras teníamos un presidente narco. Y los que dicen que “no tiene experiencia” son los mismos que arruinaron el país con su experiencia de saqueo, que nos dejó muertos en el IHSS. Por eso le temen: porque Rixi representa una Honduras donde el pueblo piensa, decide y gobierna.
Vos sabes que ya probamos con los empresarios, con los presentadores, con los tecnócratas, hasta con los futbolistas en el congreso, y nada cambió. Sabes que no hay salvación si seguimos haciendo lo mismo. El país necesita algo más que un gerente: necesita una guía que entienda la historia, la desigualdad y la esperanza. Y Rixi no viene sola: viene con un movimiento, con una generación que no quiere volver atrás.
No te dejes engañar con el cuento de que “todos son iguales”. No lo son. Uno representa el negocio, el otro la sumisión, y ella la soberanía. Uno defiende la riqueza de pocos, el otro el aplauso de los de afuera, y ella la dignidad de todos. Vos no necesitas un salvador, ni una racha, necesitas un proyecto. Y ese proyecto, por primera vez, te incluye a vos y a mí.
Pensálo bien. No se trata de fanatismo ni de partido, de rachas ni de circos en Washington o en la iglesia de Evelio Reyes, se trata de construir un país. Esta vez, la disyuntiva es entre restaurar lo que fracasó o continuar el camino de la refundación. Entre resignarte o atreverte. Entre repetir o transformar. Votar por Rixi no es solo apoyar una candidatura, es afirmar que Honduras todavía puede tener un destino propio.
Este 30 de noviembre, cuando estés frente a la papeleta, recordá todo lo que te han quitado y todo lo que se puede recuperar. No votes por miedo ni por rabia: vota con conciencia. Porque el cambio verdadero no viene de arriba, viene de vos, de nosotros. Y esta vez, vos sabes quién representa ese cambio. Se llama Rixi Moncada.




