Por PhD. Rosa Emilia Carrasco

En Honduras la transparencia se volvió el escenario donde se mide quien quiere cambiar el país y quien quiere seguir actuando. En estas elecciones, las propuestas lo dicen todo: mientras el Partido Libre plantea una transformación seria, los partidos Liberal y Nacional levantan cortinas para ocultar que son responsables del desastre que ahora dicen querer arreglar. Quieren volver, pero sin mostrar las manos.

El partido Nacional, con su propuesta “Mi Visión 5 Estrellas” promete transparencia como si no fuera la organización que perfeccionó el saqueo. Es un libreto insultante: Hablan de “modernizar controles” cuando nunca pudieron explicar en que se gastaron miles de millones, Quieren parecer renovados, pero siguen representando la misma estructura que convirtió el Estado en una caja registradora personal.

El Partido Liberal, por su parte, ni siquiera logró ponerle nombre serio a su plan. Llamarlo “Salva Presidente” y luego decir simplemente “Plan de Gobierno” muestra improvisación y vacío, En transparencia no propone nada nuevo, solo recicla conceptos generales sin mecanismos reales. Es un documento que parece escrito para rellenar páginas, no para enfrentar la corrupción histórica que ellos mismos alimentaron.

Ambos partidos coinciden en algo: hablan de transparencia, pero sin mencionar cómo enfrentarían a las redes que ellos formaron. No incluyen medidas para recuperar lo robado, ni para abrir expedientes, ni para cortar privilegios. Sus propuestas son tan ligeras que cualquiera las podría firmar. Sin comprometerse a nada. En el teatro del bipartidismo, transparencia es solo una palabra bonita para seguir fingiendo.

El punto de quiebre: Cuando las cortinas no alcanzan para tapar dos décadas de saqueo.

La diferencia con libre es evidente. Su plan “Democratización de la Economía”, asume la transparencia como un cambio de raíz. No es marketing: es desmontar el poder oculto que permitió que el Estado fuera administrado por mafias políticas y económicas. El Partido Libre propone abrir información, regular contrataciones, fortalecer auditorías y poner fin al secreto administrativo que usaron los Partidos Liberal y Nacional para robar sin testigos.

Además, El Partido Libre propone la transparencia como motor de justicia social. Lo que el bipartidismo escondió durante muchos años, favores fiscales, contratos amañados, fideicomisos sin control. Libre lo propone como debate político. No teme abrir los libros porque no vive de pactos oscuros. Esa es la transparencia real: la que incomoda a los de arriba y beneficia a los de abajo.

El bipartidismo intenta ahora reescribir la historia, como si el pueblo hubiese olvidado quien creó la corrupción que hoy dicen combatir. Pero la gente sabe que fueron ellos quienes destruyeron hospitales, endeudaron el país y convirtieron la administración pública en botín. Por eso sus planes no pueden ser contundentes: si lo fueran, tendrían que investigarse a si mismos.

Lo más grave es que estos dos partidos venden transparencia como si fuera un trámite, no una lucha política. Sus propuestas carecen de músculo institucional porque no quieren tocar a quienes financian sus campañas. No hablan de romper el pacto empresarial que blindó la impunidad. Quieren seguir viviendo detrás de la cortina, repitiendo que “que todo está bien” mientras el pueblo paga las consecuencias de sus actos.

El partido Libre, en cambio, tiene claro que la transparencia es parte de la Refundación. No es apartado decorativo del Plan: Es la condición para que Honduras deje atrás el modelo de saqueo. Plantea controles ciudadanos, digitalización sin discrecionalidad y trazabilidad del gasto público y los más importante: propone acabar con los privilegios que convirtieron la corrupción en sistema.

Por eso, el teatro bipartidista se desmorona. Las cortinas ya no alcanzan para ocultar su pasado, y sus propuestas son tan débiles que solo confirman que no quieren cambiar nada. En cambio, la propuesta de Libre muestra un compromiso serio y verificable, construido desde la experiencia de estos cuatro años de gobernar sin someterse a las élites que históricamente manipularon durante décadas el país.

En estas elecciones, la transparencia no es una promesa: es la prueba definitiva de quien está con el pueblo y quien está con los mismos de siempre. Y por eso el Partido Libre ganará. Porque mientras Los Partidos Liberal y Nacional siguen ensayando su regreso, el pueblo ya decidió abrir cortinas, iluminar el escenario y no permitir que los actores del saqueo vuelvan dirigir la obra.

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