Por Genesis Ferrufino

En Honduras, donde las instituciones electorales como el CNE, el TJE o el RNP enfrentan una profunda deslegitimación social, no basta con depositar la papeleta y confiar en que el voto va a traducirse en representación. No basta porque el poder hegemónico se ha preparado para subvertir ese voto desde dentro; la manipulación institucional crece y los mecanismos de fraude técnico están siempre al acecho.

La única garantía real de que el voto popular no sea distorsionado es la vigilancia disciplinada, activa y colectiva. Se necesita un pueblo que no delegue su conciencia en meros observadores neutrales, sino que se convierta en centinela de su propia voluntad.

No solo se debe vigilar las instituciones, sino garantizar que la oposición progresista, los movimientos sociales tenga espacios reales de participación y control. Pero esta lucha por la democracia no es pasiva ni idealista, es una guerra disciplinada contra la manipulación.

La verificación de credenciales y materiales es crucial el día de las elecciones, es necesario comprobar que los miembros de mesa y observadores estén debidamente acreditados y que las boletas, actas y urnas se encuentren completas y en buen estado, esto previene irregularidades y asegura que el proceso cumpla con las normas legales.

La militancia no debe abandonar las mesas electorales bajo ninguna circunstancia, aunque los medios difundan rumores o especulaciones de que otros ya han ganado. Cada voto cuenta y cada observador es esencial para garantizar la transparencia del proceso.

En este momento histórico hondureño, la población tiene una oportunidad estratégica de convertirse en el motor de esta vigilancia democrática colectiva, no solo participando en elecciones, sino movilizando masas, organizando puntos de personas observadoras y observadores, capacitando a ciudadanos en monitoreo electoral, denunciando irregularidades de forma sistemática.

Marx advierte que el sufragio universal, por sí solo, no es suficiente para liberar a la clase trabajadora. Él proponía que los representantes fueran revocables y estuvieran sujetos a control popular continuo. Esto no es solo teoría, es un llamado a no delegar por completo la responsabilidad política en manos de otros.

La advertencia de Marx de que el sufragio universal no basta para la emancipación popular resulta crucial para las elecciones en Honduras, lejos de limitarse al acto periódico de votar, su llamado a ser expectantes debe entenderse como una convocatoria a una vigilancia ciudadana permanente.  La verdadera democracia exige que, tras depositar el voto, la población no delegue por completo su poder, sino que organice una contraloría social activa para exigir transparencia y cualquier intento de violentar la voluntad democrática.

Para Friedrich Engels, el Estado no es neutral, refleja relaciones de poder históricamente construidas. En Honduras, esta idea puede observarse en la persistente percepción ciudadana de que las instituciones como CNE, el TJE o el RNP, han respondido más a los intereses de élites económicas y grupos políticos dominantes que al bienestar colectivo.

En este contexto, la participación política no se limita al voto, requiere vigilancia permanente, observación del proceso electoral y mecanismos ciudadanos que funcionen como contrapeso estructural. La construcción de confianza institucional demanda, además, que la sociedad pueda denunciar irregularidades, fiscalizar la actuación de autoridades y asegurar que la administración del proceso se rija por principios de transparencia, imparcialidad y rendición de cuentas.

Antonio Gramsci subrayó la importancia de los intelectuales orgánicos, aquellos que emergen desde la misma clase trabajadora y son capaces de transformar la experiencia colectiva en conciencia política. Para él, la hegemonía no se sostiene solo con fuerza, sino mediante dirección cultural, ideas, valores y discursos aceptados como legítimos.

Por ello, la clase trabajadora debe formar líderes desde sus propias filas, difundir una visión clara de lo que está en juego, capaces de traducir sus experiencias de explotación y desigualdad en una visión política clara que oriente la acción colectiva.

Lo que está en juego no es abstracto, se trata de defender derechos conquistados con lucha histórica, exigir salarios dignos que permitan vivir con bienestar, confrontar la precarización que fragmenta el empleo y la vida y rechazar toda forma de explotación que convierte el trabajo humano en mera mercancía para que la mayoría social deje de aceptar como “normal” la injusticia que ha beneficiado históricamente a unos pocos.

En conclusión, el voto no se defiende solo, en Honduras, en tiempos de manipulación institucional y de medios de comunicación solo una vigilancia ciudadana disciplinada y militante es capaz de proteger la voluntad del pueblo. Inspirados por Marx, Engels, Gramsci, debemos construir una hegemonía desde abajo, no solo una representación electoral sino una base popular viva y consciente. No seremos espectadores pasivos, seremos guardianes de nuestra propia democracia, porque la libertad no se entrega, se conquista y se defiende.

Referencias bibliográficas

  • Karl Marx. The German Ideology. London: Lawrence & Wishart, 1970 (original 1846).
  • Karl Marx. Capital, Vol. I: A Critique of Political Economy. London: Penguin Classics, 1990 (original 1867).
  • Friedrich Engels. Anti-Dühring (Herr Eugen Dühring’s Revolution in Science). Leipzig: Genossenschafts-Buchdruckerei, 1878
  • Antonio Gramsci. Selections from the Prison Notebooks. Edited and translated by Quintin Hoare & Geoffrey Nowell Smith. New York: International Publishers, 1971.

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