Por Evelyn Torres

Grandes pensadores como Antonio Gramci, Noam Chomsky, Ernesto Laclau, y Boaventura de Sousa Santos han realizado significativos aportes académicos para la comprensión de las sociedades. Dentro de los análisis hacen mención del uso de la narrativa mediática utilizada para deslegitimizar a gobiernos populares o de corte de izquierda en el mundo, pero sobre todo en Latinoamérica. Situación que en Honduras vemos, escuchamos y vivimos día a día a través de la matriz comunicacional de las grandes corporaciones televisivas, radiales y de impresión ¿Qué hay detrás del discurso de Fraude de la derecha hondureña?

Estos ataques son organizados por los grupos de poder del país no para defender la democracia sino como una herramienta para mantener los privilegios por sobre la mayoría de hondureños que trabajamos día a día para mejorar las condiciones de vida de nuestras familias. Un claro ejemplo es la discursiva manejada en los foros de debate televisados, noticieros de horario estelar y principales medios impresos del país; ya Gramsci menciona el control que existe de las ideas que circulan en las sociedades relacionado a la existencia de otras formas de poder además del económico.

Esta discursiva de fraude no es una narrativa improvisada, es parte de un plan por la lucha del poder simbólico, orientado a desgastar la legitimidad del actual gobierno y del movimiento social. Los grupos de poder en Honduras históricamente se han apoyado y siguen utilizando a los medios de comunicación para alinear un discurso de fraude que intenta presentar al Gobierno de Xiomara Castro como una amenaza para la “Normalidad Democrática” y manipular así a la población para aceptar intervenciones judiciales, legislativas, diplomáticas y militares, liderados por los verdaderos enemigos de la democracia en este caso partido nacional y liberal.

Gramsci hace evocación que los sectores poderosos al sentir que un gobierno implementa estrategias o medidas que generan cambios sociales en un país suelen usar a los medios de comunicación para sembrar dudas sobre la forma de gobernar de los partidos, un claro ejemplo es la propuesta de la reforma integral del sistema fiscal hondureño a través de la Ley de Justicia Tributaria que ha sido tema de discusión en diferentes espacios comunicativos con una narrativa de incapacidad de gobernar que sirve para reforzar el clima de sospecha sobre el actual gobierno.  

Laclau señala que, en la política suelen usarse palabras o conceptos que se utilizan para unificar y la palabra “Fraude” es un ejemplo de ello, sirve para unir oposición, fortalecer lideres fracasados, justificar campañas de insubordinación que les permite movilizar personas. En el país las campañas del bipartidismo cumplen con las características establecidas por Laclau, estos han tomado como bandera el fraude, que junto a los representantes del sector empresarial mantienen una clara campaña de la derrota de la candidata Rixi Moncada y que de resultar ganadora hacen un llamado a la población para no reconocer los resultados a favor del Partido Libertad y Refundación.

A pesar de que muchos y muchas periodistas hablan de neutralidad, su discurso refleja el interés de mantener los privilegios que les fue otorgado en los últimos años por el bipartidismo, por razón de grandes campañas mediáticas disfrazadas de defensa de la democracia y en las que la mención de un posible fraude es utilizada para inducir a la población a la idea de que Honduras se encuentra en una crisis electoral por culpa de la izquierda hondureña. Campañas reforzadas en los últimos meses ante la intención del voto que da como ganadora a Rixi Moncada para que el país pueda continuar con el proceso de refundación. 

Bien lo recuerda Boaventura de Sousa que quienes han mantenido el poder tienden a creer que solo ellos tienen la capacidad de gobernar y que la gente que vota por los partidos de izquierda comete un grave error o que es resultado de engaños masivos sobre todo por la desvalorización del voto popular, y la idea de estos grupos sobre los sectores marginados, rurales o empobrecidos producto de años de gobiernos nacionalistas y liberales.

No se puede negar la existencia de fraudes electorales sobre todo en Honduras, donde el partido nacional a sido de los principales en realizarlo, ejemplos claros los procesos electorales de los últimos doce años. Estamos ante un claro ataque a la democracia pero que viene desde los grupos de siempre que utilizan a los medios de comunicación y al bipartidismo para el uso político de la palabra “Fraude”, sin evidencias, como un arma desestabilizadora de gobiernos que representan cambios estructurales en la nación.

¿Qué hay detrás del discurso de “fraude” de la derecha hondureña? Lo que hay es una defensa abierta de las diez familias y de los veinticinco grupos de poder económico y político del país, una defensa de sus intereses particulares disfrazada de preocupación por la “institucionalidad”, y no una auténtica defensa de la democracia hondureña ni de la voluntad popular.

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