Por Sinrry Salamanca

Para Michel Foucault el lenguaje es un afuera administrado por el poder, que administra el discurso lexicográfico y establece así un intercambio normativo desde el que las personas pueden verse gobernadas. La “parresia”, es un término griego que se compone del prefijo pan y del prefijo reo, pan significa «todo» y reo «decir»; parresia entonces significa “decir todo”. Precisamente se trata de decir todo, en el sentido de señalar valientemente lo que se tiene que decir a quien fuere sin callarse nada. Por lo tanto, implica hablar con franqueza y sin miedo.

Partiendo de esta idea, el término parresia también cobra un segundo significado negativo, en el sentido de decir todo por no ser capaz de callarse ni de guardarse nada, o porque se ha perdido la distinción entre lo que se piensa y lo que se puede decir; el “parresiastés”, adjetivo correspondiente al sustantivo parresia, es entonces el charlatán, el impertinente o el bocón. Y la parresia también tiene un tercer significado, este sería, el de la confianza y la apertura que denota la comunicación con franqueza con otro, sin ocultarle nada y sin buscar ocultarle algo.

La democracia se caracteriza porque en ella la “parresia” se vuelve problemática y en algunos casos imposible, por el hecho de hablar con franqueza y decir de verdad lo que uno piensa, implica el repudio o desprecio de los demás cuando la propuesta no gusta, sobre todo cuando se habla de justicia social y redistribución de la riqueza. Friedrich Nietzsche, escribió en 1886 “no hay hechos, solo interpretaciones”, con esta frase quería denunciar el proceso de manipulación de la verdad que comenzaba en aquel momento, es decir, nuestra sociedad comenzaba a hacerse, como diría Baumann, líquida. Ahora, la verdad ya no era un hecho o suceso concreto, sino algo que para obtener su estatus de verdad y ser reconocida como tal debía ser “interpretada”, pero no solo por las personas, sino por el poder, la verdad solo será la verdad si sus especialistas dicen que es verdad.

Además, la verdad de mi oponente no es verdad si yo no la analizo primero para desvirtuarla, así, por ejemplo, surgen teorías de conspiración como que la tierra es plana; que las vacunas del covid-19 traen un chip inteligente integrado; que tomar cloro cura el covid-19; que la pobreza no es real porque la inflación bajó y muchas otras más que usted agregaría fácilmente.

La frase anterior de Nietzsche, estaba anunciando los fake news, la post verdad y la sociedad de la apariencia que Guy Debord también anuncio en su libro “la sociedad del espectáculo”. Debord señala el desarrollo de la sociedad moderna, afirmando que: “todo lo que una vez fue vivido directamente, se ha convertido en una mera representación”, es decir, en una apariencia, o una simulación, como en el mito de la caverna de Platón[1]. En nuestro momento histórico, la mercancía completa su colonización de la vida social, y como afirmó Baumann “hoy en día casi cualquier cosa que una persona desea termina en el escaparate de una tienda”, por lo tanto, la idea implica que la verdad también sea mercancía. El espectáculo según Debord, es la imagen invertida de la sociedad en la que las relaciones de mercancías han suplantado las relaciones entre la gente, el espectáculo, argumenta Debord, no es una colección de imágenes, es una relación social entre la gente que es mediada por imágenes de la realidad y el mundo.

Según el filósofo francés Jean François Lyotard, la posmodernidad se caracteriza porque el conocimiento ha perdido su valor de verdad o, mejor dicho, la producción del conocimiento ya no es una aspiración a encontrar la verdad, se trata solo de encontrar la interpretación que más convenga.  Lyotard también señala con esto la legitimidad de algunos saberes contemporáneos, cuestionando los procedimientos mediante los cuales se decide la verdad o se establece el conocimiento al estar supeditados a las estructuras de poder económico y político. Tal como vemos con los medios de comunicación, la ciencia es lenguaje, nos dice Lyotard, pues esta define el mundo con conceptos y categorías; y el principal problema radica en que el saber de la sociedad se subordina progresivamente a la condición de traducibilidad del lenguaje. A su vez, la traductibilidad se genera en los medios de comunicación y se transforma en una operatividad política.

Como decíamos al inicio de la “parresia”, esta contiene ciertos elementos de metarrelato por intentar ser una explicación extensa y coherente de una verdad. En la terminología de Lyotard, metarrelato es una gran narración con pretensiones de justificar y explicar ciertas instituciones o falsas creencias compartidas impuestas por el poder a su conveniencia. Así es como los medios de comunicación hoy en día se han convertido en una “falsa metafísica[2]”, que como diría Immanuel Kant no nos permite llegar a la cosa en sí y nos deja únicamente acceder al fenómeno, a la apariencia, pero nunca al noúmeno, valiéndose de la “grieta de desaprobación[3]” que toda información mediatizada padece para generar una apariencia de la verdad o lo que hoy llamamos como fake news,  las fake news o noticias falsas son contenidos que simulan ser información veraz, pero en realidad están diseñados para engañar, manipular o influir en la opinión pública de manera deliberada.

La ventana de Overton es un concepto de comunicación política, creado por Joseph Overton y hace referencia a la ventana de “posibles opiniones” que se pueden expresar en el espacio público sin que el individuo, grupo, empresa o el partido político que las expresa sea directamente descalificado. Además, sirve para volver aceptable lo que moral y éticamente es incorrecto.

Para crear esta ventana, el poder generalmente utiliza recursos como las fake news, los falsos positivos[4], y cualquier otra estrategia que le permita cambiar la verdad de los hechos por su idea o una apariencia de esta. Es también un instrumento de relativización de la verdad, pero lo que realmente es perverso de este mecanismo, es que a nivel filosófico opera dentro de la sociedad como un dispositivo que relativiza los valores. El mejor ejemplo de esto en nuestra cultura, sería cuando una persona con una conducta pasivo agresiva ataca a otra, y cuando la víctima se defiende, el atacante le dice que era broma para relativizar la acción y disminuir la responsabilidad y el potencial castigo a su acción.

Para cada momento o coyuntura política, esta “ventana” incluye un “rango de verdad” de acuerdo al clima de la opinión pública de una sociedad que una persona, grupo, empresa o partido político desea manipular sin que su acción sea considerado demasiado falsa. De esta forma, el rango varía cuando las ideas entre las personas cambian, de lo que se trata con la relativización, es diluir los criterios de comparación para que la verdad sea indefinible y crear “locura colectiva”.

Esta locura colectiva surge con la intención de asesinar la curiosidad e inteligencia de la gente, y esto es así porque cada nuevo suceso al que la sociedad le presta su atención, se convierte en una nueva experiencia ontológica[5] y hay que asesinar eso. Michel Foucault, en su historia de la locura, estableció que cuando la sociedad griega funda la locura como padecimiento, lo hace como una herramienta política para oponerla a la razón, es decir, servía para llamar locura todo lo que se oponía a la razón. Así mismo, en la actualidad, el poder político dice desde los medios de comunicación qué es la razón y la verdad.

Al plantear dos valores de verdad para la realidad, el poder se vio superado por su propia lógica binaria, pues la gente comenzó a exigir siempre la verdad y tuvo que echar mano de los mismos recursos creados por ellos, es decir, usar la falsedad o la locura como dice Foucault para disuadir a las personas de su exigencia de la verdad. Entonces, la “locura colectiva” se convierte en un nuevo mecanismo de verdad que le permite al poder manipular las verdades de la sociedad; lo que el poder pretende negar con esto, es que la conciencia no es un mecanismo que se limita a las estructuras psicológicas básicas y procesos cognitivos de la biografía personal o al inconsciente personal, sino que experimenta y conecta con experiencias transpersonales más complejas, es decir, es un portal hacia dimensiones más complejas de la existencia, como la verdad o el amor.

No hablamos o pensamos en el vacío, quizás solo repetimos lo que un sistema nos permite repetir, como la ventana de Overton, que es una estructura que busca determinar conceptos, realmente incluso hasta lo que nosotros consideramos como verdadero sigue muchas reglas que en la mayoría de casos nosotros nunca elegimos. Nos han hecho creer que son nuestras opiniones las que moldean la verdad, pero no es cierto, es el discurso del poder el que moldea nuestro pensamiento. Aquí debemos recordar de nuevo la frase de Nietzsche, “no hay verdades solo interpretaciones”, esas posibles interpretaciones son las que explota la ventana de Overton, y son esas “interpretaciones” las que crean la locura colectiva que la gente experimenta cuando no sabe que versión de “la verdad” seguir.

Según la filosofía, la posverdad radica en la subordinación y reorganización de los hechos desde ideologías específicas y cierta voluntad política,​​ lo que requiere de un mecanismo de legalización en el que se intente naturalizar la epistemología que sustenta esa “verdad” a partir de las emociones políticas que se generan con la ventana de Overton. Por ejemplo, también según la RAE la posverdad es una mentira emotiva que implica la distorsión deliberada de una realidad en la que priman las emociones y las creencias que se desean imponer frente a los hechos objetivos, con el fin de crear y modelar la opinión pública o influir en las actitudes sociales. También la posverdad se diferencia de la disputa tradicional de la verdad y su falsificación, dándole una importancia secundaria a los hechos reales para desvirtuarlos o relativizarlos, de lo que se trata es que aparente ser la verdad más que lo afirmado sea verdad.

Hasta aquí podemos ver una pequeña muestra del espectro manipulativo que se ejecuta desde los medios de comunicación, con prácticas como fake news, posverdad y cámara de Overton. La manipulación de la verdad debe ser un elemento inaceptable en toda sociedad, su alteración genera –como vimos antes– una forma de locura colectiva en tanto que se relativiza la verdad o se pierde la construcción común de sentido. Debemos ser intolerantes con la manipulación de la verdad, ya que esto afecta la conformación ordenada de la sociedad, afecta la voluntad de la mayoría cuando esta decide algo de manera colectiva, se manipula cuando no se alinea con los intereses de particulares o grupos de poder. En algún momento, Jesús de Nazareth análogo vida, corrección y verdad cuando dijo “yo soy el camino, la verdad y la vida”, los medios de comunicación en este pasaje bíblico serian representados por Pilatos cuando este le pregunta a Jesús ¿Qué es la verdad?, Pilatos estaba totalmente desconcertado.

El filósofo Karl Popper, alguna vez dijo que “no se puede ser tolerantes con los intolerantes”, con esta frase el autor quiere exponer una sencilla razón que a muchos les cuesta comprender, la tolerancia es la columna vertebral y la forma básica de toda acción ética. Por lo tanto, la tolerancia es la que permite formas complejas de respeto y ética, sin la cual la vida en común no sería posible, la tolerancia es el esqueleto de la ética y el respeto entre los humanos, cuando nosotros permitimos la intolerancia, estamos disolviendo los límites de lo correcto y lo ético y despojamos de estructura a la moral. Y, al permitir esta disolución estamos permitiendo disolver los límites de la convivencia social razonable. Es el mundo de la vida el que está en peligro con los intolerantes, es decir, lo que nos hace humanos a todos, por eso una verdadera sociedad democrática debe ser tajante con los intolerantes. Esto sin dudas atenta contra la democracia, que en términos políticos es la forma básica del reconocimiento de todos nuestros derechos, y por cierto, los intolerantes son todos aquellos que siempre quieren imponer su verdad manipulándolo todo, imagino que esto les recordó a mucha gente, lo que se pretende con todo lo anterior es la organización emocional de lo que ellos llaman la ignorancia colectiva.

Bibliografía

“La condición post moderna, informa sobre el saber” Lyotard, Jean-François, Editorial Catedra, España, 1987.

“La república”, Platón, fondo de cultura económica, México 2013.

“La sociedad del espectáculo”, Debord, Guy, Editorial Anagrama España 1993.


[1] El mito de la caverna de Platón, presentado en el libro VII de La República, describe a unos prisioneros encadenados desde su nacimiento en una caverna, que solo pueden ver sombras proyectadas en una pared. Estas sombras representan su única realidad. Uno de ellos logra liberarse, descubre el mundo exterior y comprende que las sombras eran solo apariencias. Al regresar para compartir su descubrimiento, los demás lo rechazan. Esta alegoría ilustra la transición del conocimiento sensible al conocimiento verdadero, y la resistencia humana al cambio y a la verdad

[2] Una falsa metafísica seria aquella que confunde apariencia con realidad, tomando las apariencias como verdades ontológicas, formulando con esto definiciones incorrectas del ser, aplicando conceptos que no corresponden a la esencia de lo definido o de la realidad.

[3] La expresión “grieta de desaprobación” es un concepto técnico ampliamente reconocido en filosofía, psicología o ciencias sociales, y puede interpretarse como una metáfora política o social que describe una división profunda entre grupos basada en el rechazo o desaprobación hacia una figura, idea o institución.

[4] Un falso positivo ocurre cuando una prueba, sistema o evaluación indica que algo está presente o es verdadero, y en realidad no lo es. Es como una falsa alarma de incendio que genera una respuesta innecesaria porque no está ocurriendo.

[5] Una nueva experiencia ontológica se refiere en este caso a cada nueva forma de vivir, comprender o relacionarse con el ser, la existencia o la realidad. No es simplemente una experiencia nueva en general, sino una que reconfigura nuestra manera de estar en el mundo, de entender quiénes somos y cómo nos vinculamos con lo que nos rodea.

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